I CONGRESO INTERNACIONAL DE EMPRESAS
ESTRATEGIA EMPRESARIAL EN LA NUEVA EUROPA


Países que se incorporan, fuente de nuevas oportunidades

PONENTE: D. Jordi Serret i Berniz, director general del Consorci de Promoció Comercial de Catalunya (COPCA)

Jordi Serret I Berniz, director general del COPCA (Consorci de Promoció Comercial de Catalunya).

En primer lugar, quería agradecer a Moneda Única la invitación a este Congreso, por las posibilidades que nos brinda de aportar nuestro punto de vista, y así mismo, reconocerles todas las facilidades que siempre hemos encontrado en su publicación y en su edición, para exponer nuestras líneas de trabajo, así como el esfuerzo que hacen desde su medio de comunicación por promover la internacionalización de la empresa española, que creo que todos estaríamos de acuerdo en que es uno de los retos más importantes que hoy en día encara España.

Voy a hacer unas consideraciones previas. Por un lado, la empresa española ha llevado a cabo un extraño proceso de internacionalización a lo largo de estos años. Hemos pasado de una economía autárquica, de un mercado interior protegido, a través de la economía española en el año 86 por lo que entonces era la Comunidad Económica Europea, y hemos pasado a un marco competitivo abierto. Este proceso, que ha sido rápido en términos históricos, es relativamente corto y tiene mucho más valor si pensamos que la historia española es la historia de una economía tradicionalmente cerrada al exterior. Un hecho que tendría o encontraría sus orígenes en la política económica de finales de siglo XIX y principios del siglo XX que intentó probablemente desde un punto de vista histórico (desde nuestros días) de una forma equivocada, impulsar el crecimiento industrial a través del cierre de fronteras con el fin de reservar el mercado interior a producción nacional. Después de una serie de hechos históricos, el verdadero proceso de apertura de la economía española, está estrechamente relacionado al fenómeno de la construcción europea.

Es a partir del acuerdo preferencial del 70, con lo que entonces se conocía como Mercado Común, y muy especialmente a raíz del acuerdo del 86, el acuerdo de adhesión con la comunidad, que se acelera este proceso de adhesión.

Si nos situamos en el año 86, no sería exagerado hablar de que existía una preocupación en el entorno empresarial sobre cuál sería la respuesta de nuestra empresa frente al cambio en el marco competitivo. ¿Cómo reaccionaría la empresa a la apertura de puertas, de ventanas, que facilitasen la entrada de competidores en el propio mercado? y, si sería capaz, si encontraría la forma de utilizar las mismas armas para incrementar su presencia en los mercados exteriores. Fruto de esa preocupación de ese momento histórico, la Generalitat de Cataluñya, el Gobierno de Cataluña, junto con las principales instituciones del mundo empresarial, crea el Consorcio de Promoción Comercial de Cataluña, el COPCA, el cual ha ido desarrollando toda una serie de líneas de trabajo y de apoyo para favorecer la presencia de las empresas en el exterior y también, por supuesto, estableciendo distintos y diversos acuerdos de colaboración muy fructíferos con otras organizaciones, entre ellas el Instituto de Comercio Exterior, el ICEX.

Desde entonces hemos llegado a todo un seguimiento y un apoyo a la evolución de la empresa catalana y, hoy en día, los intercambios comerciales con el exterior, no sólo se han incrementado, sino que se han multiplicado. A su vez, se ha incrementado notablemente el grado de apertura y se configura como una de las economías más abiertas de su entorno económico. Podríamos concluir diciendo que, aunque las empresas llegaron a comprender o comprendieron rápidamente, que un entorno que estaba mucho más influenciado por las presiones de la competencia les exigía considerar la realidad del mercado global. Por tanto, incorporar la idea de que las ventas al exterior no eran simplemente un recurso para tiempos de penuria, para tiempos de dificultad en el mercado interior, fue algo determinante. Algunas de estas empresas no sobrevivieron, algunos sectores impactaron con crudeza en el cambio del mercado, del marco competitivo, pero lo cierto es que, desde un punto de vista global, la conclusión del proceso seguido debe ser tremendamente positiva. En estos momentos nos encontramos con unas exportaciones que alcanzan, en el ejercicio de exportaciones españolas, los 128.000 millones. Aunque vemos que existe un patrón claro, que se manifiesta tanto en las exportaciones españolas como (en concreto) en las exportaciones de Cataluña, de una notable concentración, por encima del 70% en lo que son nuestros socios europeos. De hecho, las ventas de las empresas de Cataluña a Francia, Alemania, Italia y Portugal (solo esos 4 mercados) representan el 50 % de las ventas totales de las empresas catalanas al exterior.

El hecho de que exista esta concentración en la Unión Europea, tiene una doble valoración; por un lado, positiva; es decir, si la empresa española es capaz de situar sus productos, sus bienes y sus servicios en mercados que se encuentran entre los más exigentes mundialmente, señal de que esos bienes, productos y servicios son competitivos.

La otra consideración no tan positiva, es que el exceso de concentración desde un punto de vista empresarial, siempre implica riesgo y ese riesgo no debería superarse por la disminución de nuestra presencia en los principales mercados europeos; al contrario, debería reforzarse e incluso incrementarse. Debería, compensarse con una mayor diversificación en otros mercados con potencial de crecimiento. En todo caso, el asunto central son los países que se van a incorporar, la nueva ampliación de la Unión Europea. Esta quinta ampliación y estos países sobre los que nosotros estamos intentando llamar la atención de la empresa para que los atienda mejor, tienen una concurrencia de atención o presentan una competencia con respecto a otros mercados.

La empresa española ha jugado una partida muy importante a lo largo de estos últimos años en América Latina. En estos momentos, la situación en muchos de estos mercados no es la mejor del mundo. Como ustedes saben, en algunos mercados como el de Argentina, incluso es tremendamente preocupante. Pero lo cierto es que los esfuerzos desplegados no deberían ser baldíos y por tanto, ese frente debería lograrse combinando políticas de prudencia con consolidación de posiciones. La empresa española tiene un papel importante que jugar, por ejemplo, en el área mediterránea, fundamentalmente, en la parte sur del Mediterráneo, porque ahí no se juega tan solo intereses de tipo económico, sino también intereses de tipo político, de tipo social, como es el caso de la emigración o incluso la seguridad la empresa española. Hay también un frente abierto, Extremo Oriente y fundamentalmente en el Asia-Pacífico, con el objetivo de intentar recuperar una zona donde, debido a la distancia con muchos de sus socios, su presencia es relativamente baja o muy baja, con lo cual, hay todo un conjunto de puntos de atención que compiten directamente con estos países de la nueva ampliación y que las empresas progresivamente irán definiendo cuáles son esos puntos y cuáles son sus estrategias.

Para centrarnos más, me gustaría comentarles algunas de las conclusiones que desde un punto de vista más científico algunos estudios y publicaciones han venido haciendo, porque creo que recogen con gran precisión cuál es el momento, en los aspectos fundamentalmente comercial-inversor, que viven estos países y, fundamentalmente, cuáles podrían ser las consecuencias. Haciendo prospectiva, ¿cuáles podrían ser las consecuencias que para la empresa española tendría esta nueva incorporación?, y fundamentalmente me voy a referir a un estudio, que es “La ampliación de la Unión Europea, efecto sobre la economía española”, de la Caixa, y también sobre el boletín ICE económico. Estas consideraciones nos permitirán centrarnos y, a lo largo de estos días, ustedes podrán situar intervenciones mucho más concretas. En todo caso, en cuanto a las repercusiones del ajuste, o de la incorporación, o del ajuste comercial que representa esta incorporación. Desde la perspectiva española se traducirá previsiblemente en un aumento del comercio bilateral con los nuevos socios, tal como ya se está produciendo en este sentido y, dado que estos países vienen de niveles de protección también más elevados, sería esperable que dicho aumento fuese mayor en la vertiente de las exportaciones españolas que en el de las importaciones, por lo menos en los primeros estadios y, por tanto, mejorar el saldo comercial bilateral.

También podría suceder un fenómeno opuesto, que sería que el incremento de los intercambios entre el resto de los socios de la Unión Europea y estos países de nueva adscripción, fundamentalmente los Pecos, provocara una sustitución de exportaciones españolas en el mercado de la Unión por productos de exportación de estos países de nueva incorporación. De todas formas, este último efecto, al contrario que el anterior, no sería tan positivo porque de alguna manera es un efecto mucho más incierto, pues tan solo tendría lugar en aquel tipo de productos o de bienes en los que España resultara ser menos competitivo que los Pecos. En todo caso, lo que se constata es que los intercambios comerciales de España y la Unión Europea han ido creciendo desde que estos países iniciaran su transición a la economía de mercado, pero que, también lo comentaba la Sra. Pardos en la intervención anterior, la ampliación del comercio con los candidatos ha sido más tardía en España, lo que explica, de alguna manera que, pese al dinamismo de los flujos comerciales en los últimos años, la participación de estos países en el comercio extracomunitario de España sea bastante inferior a la del promedio de la Unión Europea. Los acuerdos de adhesión y las expectativas que tenían de que esto se llevase a cabo en un futuro próximo, impulsaron las relaciones comerciales. En estos momentos se arroja una mejora de los saldos comerciales bilaterales tanto de España como de la Unión; sin embargo, habría que destacar, porque esto es una clave, un punto central de mi intervención, que la integración comercial de España con estos países sea muy inferior a la de sus socios, y muy especialmente, a la conseguida por países como Alemania, Reino Unido, Italia, Francia o Austria, que son los países que han aprovechado mejor la situación. Pensemos, por ejemplo, que Alemania, su presencia relativa, es espectacular. Es el origen del 25% de las importaciones de estos países y el destino del casi 33% de sus exportaciones. ¿Qué factores influirían en el papel de España con estos países? Uno de ellos es el geográfico. La geografía parece ser uno de los factores que influían o que podían influir con intensidad y, evidentemente, la proximidad geográfica favorece el comercio, con lo cual dificultaría que España alcanzase niveles de presencia similar a otros países más próximos. Pero eso sería quizás una argumentación válida, aunque simplista, porque sabemos que los países comercian en función de sus ventajas comparativas.

La respuesta a la eliminación de barreras al comercio asociada a la adhesión, sería la especialización de aquellos bienes que utilizarán de forma más intensiva, aquellos recursos en los que tienen una mayor dotación relativa. Por consiguiente, la ampliación daría lugar a un incremento en el comercio inter-industrial; es decir, en el comercio de productos que pertenecen a diferentes sectores.

El estudio que les comentaba de la Caixa, que tomaba el periodo 92-98, constataba que sectores donde España registra saldos favorables de su comercio con el resto de los países de la UE son también en buena medida coincidentes, y esto es un punto a llamar la atención, con aquellos que los países de la adhesión muestran también un mejor resultado comercial en sus intercambios con esta área. También se observa otro elemento de reflexión, que con el paso del tiempo la estructura de las ventajas y de las desventajas compartidas de España y de los países candidatos se ha ido haciendo más semejante. Todo ello sugiere que esta ampliación podría afectar a las posibilidades de exportación de España a los socios de la UE.

En este periodo también se constata cómo en el inicio existía una posición dominante de la exportación (los bienes de mayor contenido tecnológico) mientras que en las exportaciones de los Pecos predominaban los sectores de demanda débil y de menor intensidad tecnológica; ahora bien, si revisásemos estos índices, esta evolución pone de manifiesto que durante el periodo la especialización exportadora de España ha disminuido frente a la pujanza que han tenido las exportaciones de estos candidatos en algunos sectores como el de maquinaria de oficina, el de material eléctrico o, muy especialmente, el de material de transporte. Esto vendría muy determinado, como consecuencia de las estrategias seguidas por las multinacionales que se han implantado de manera profusa y contundente en estos países; la presencia de multinacionales, la inversión extranjera, ha posibilitado una transformación de la estructura de las ventajas y las desventajas compartidas de los países candidatos en un tiempo muy breve. Por consiguiente, diré que hay indicios fundados para pensar que con el paso del tiempo, los Pecos que cuenten con una mayor presencia de estas empresas multinacionales, seguirán progresando en esta tendencia de especialización y, probablemente, también representarán un foco creciente de competencia con España. Ahora bien, no hay que verlos solo como centros de producción y de exportación a terceros países.

Hay un elemento chocante, y es la cuestión de los productos agrícolas. Digo chocante porque aparece una especialización de España frente a esos países, cuando lo lógico quizás sería lo contrario. En el caso de Polonia, quizás este hecho se podía explicar por algunos factores, entre ellos que la diferencia de productividad, el desnivel de productividad entre la agricultura española y la de estos países o alguno de estos países y, por otra parte, los niveles de protección que también derivan de los acuerdos europeos alcanzados.

De todas formas, es difícil prever este apartado, porque es previsible que la política agraria comunitaria, la PAC, sufra cambios significativos en el futuro. Entonces, los intercambios de España con estos países son fundamentalmente de naturaleza interindustrial, aquellos intercambios que no son de carácter interindustrial, de productos que se diferencian más bien dentro de una misma línea por calidad, por marca, por diseño, etc... también habría que destacarlos en algún tipo de ramas, por ejemplo, en los bienes de equipo o en el material de transporte. En este caso, la automoción viene de la mano de este intercambio inrterindustrial, muy de la mano en la coincidencia de las multinacionales que operan en ambos mercados.

Bien, en todo caso, en lo que es el desglose del comercio industrial, España está exportando a los países de la ampliación variedades, productos, líneas, que tienen un mayor nivel de calidad que el que importa de estos países. Ahora bien, habría dos matizaciones que hacer al respecto. La primera es que esta circunstancia se está modificando con el paso del tiempo, lo que sugeriría que los países candidatos están mejorando la calidad de sus productos a un ritmo más intenso, y por otra, que en algunas ramas como la de material de oficina o material de transporte, estos países se están especializando en el comercio interindustrial en gamas de mayor calidad, de manera que son dos matices importantes que habría que estudiar con el paso del tiempo. Ver cómo podrían afectar a nuestras exportaciones. En todo caso, yo creo que como conclusión se puede argumentar que España está absolutamente capacitada para aumentar sus cuotas de exportación en los países del Este y aunque, repito, de forma tardía respecto a sus socios, este fenómeno se ha ido produciendo a lo largo de estos años.

A este respecto, y si miramos la experiencia de nuestros colegas europeos, al menos aquellos que han tenido un abastecimiento más importante, veríamos que la realización de productos de inversión directa constituye un factor de importancia para el crecimiento de las exportaciones; es decir, la implantación directa sobre el terreno favorecerá también la exportación. Yo creo que las empresas españolas deberían tenerlo también muy presente para abrir, para consolidar canales de comercialización, ya sea en solitario, en sociedades mixtas o con empresas de otros países.

Por lo que respecta a las opciones de intercambio hacia futuro, resulta difícil preverlo, por lo que he comentado de la estructura de las ventajas comparativas y del papel que juegan las multinacionales. Bien, esto sería el análisis que lleva a cabo la Caixa, en el que Joan Galduf hace algunas matizaciones algo más optimistas o atemperadas. Opina que los efectos, o buena parte de los efectos comerciales de la ampliación que han experimentado en un pasado inmediato y que la integración, reforzará todo lo que es el juego de intercambios comerciales, pero que esta expansión de los intercambios será algo más moderada que en la fase anterior y que también, introduce elementos de matización como es el hecho de que la expansión de la exportación a estos países, o de estos países hacia la UE, ha ido acompañada de un importante aumento de las exportaciones españolas a los mercados comunitarios, y que de alguna manera también las importaciones españolas de estos países se han visto acompañadas por un mayor crecimiento, aún mayor de las exportaciones españolas dirigidas a ellos. Como hemos comentado, serían signos de tipo positivo, y también la homogeneización o proximidad de este patrón del comercio, por el hecho de que no se compite exactamente en los mismos segmentos de precio y de calidad en los mercados.

Por otra parte, en lo que hace referencia a los aspectos comerciales, a los aspectos de inversión, creo que estaríamos todos de acuerdo en que la adhesión supone una ampliación del tamaño del mercado y, por tanto, las empresas van a poder explotar sus ventajas de propiedad; es decir, las mejores tecnologías de producto, de proceso, formas más eficientes de organización y de gestión, marcas comerciales, etc... Pero también el hecho de que la integración facilita el sacar provecho de las ventajas de localización que brindan los candidatos y de la facilidad para rentabilizar las filiales desde un punto de vista de internacionalización, gracias a que se produce un ahorro del coste de gestión; por ejemplo, los intercambios entre firmas y entre filiales de las diferentes firmas de reducirse o de desaparecer, al desaparecer los acuerdos arancelarios, las aduanas, de alguna manera se ven facilitados o se ven disminuidos los costes. Por tanto, de lo anterior inferimos que la adhesión comporta un estímulo significativo a la adhesión de empresas de los actuales socios de la UE en los países candidatos. Como he dicho, ha sucedido desde que esta ampliación era previsible. Sobre esta base sería razonable, por tanto, pensar que en los años venideros proseguirán las inversiones efectuadas por los actuales socios, con el objetivo de aprovechar importantes ventajas de localización, como la disponibilidad de una mano de obra barata, relativamente bien formada, una ubicación geográfica próxima o muy próxima de donde se encuentra el núcleo de la actividad económica, fundamentalmente de la UE, y también por la existencia de políticas de fomento y de apoyo a la inversión extranjera o a unas expectativas de crecimiento. Por no repetir e intentar simplificar algunos de las matices que ya se han dicho con anterioridad, habría que señalar que las empresas españolas, a diferencia de la mayoría de sus socios de la UE, apenas aprovecharon las oportunidades de comprar empresas a un coste reducido que comportaron las primeras privatizaciones; de hecho, en estos momento veríamos la procedencia del stock de capital extranjero, veríamos que hay ciertos rasgos comunes a todos ellos Por un lado que la UE es el principal inversor como conjunto y que, dentro de la UE, es Alemania el principal inversor. A distancia, le seguirían Holanda y Austria y también en algunos de los países Bálticos, donde hay una preeminencia de los inversores procedentes de los países nórdicos.

Podríamos intentar explicar, por qué no se han producido inversiones españolas importantes, o por qué se han producido tan pocas en estos países, a pesar de que costaría, entonces, explicar por qué se han producido en América Latina y, en todo caso, si ustedes quieren, habría que explicar también cómo un país periférico como puede ser Irlanda, tiene una cuota de inversiones que dobla la cuota española. La única conclusión es que la empresa española, por las razones que sea, ha desatendido esta zona en sus políticas de inversión. En cuanto al patrón sectorial, existe una distribución muy similar del capital extranjero entre el sector industrial y el de servicios. En el sector industrial aparecerían fundamentalmente industrias alimenticias, material de transporte y productos no metálicos, que probablemente aglutinarían las mayores inversiones. En el sector servicios estarían relacionadas las inversiones con la generación de redes de distribución. El sector comercial, por lo tanto, la intermediación financiera y un conjunto de servicios destinados a empresas, estarían entre los preferidos por las multinacionales. Es muy significativa la presencia de las multinacionales en el sector comercial, porque es un hecho que, con distinta intensidad, en función de los países, se da en todos ellos. Este hecho pondría de relieve el interés de las multinacionales por abastecer estos mercados, sobre todo con vistas al establecimiento de canales de distribución para sus productos de exportación y a la consolidación y defensa de la entrada frente a otros posibles competidores. En todo caso, una pregunta que aparecería sería ¿cuál sería el riesgo de que España quedase desplazada como centro de inversiones? Si mirásemos las trayectorias históricas que están recogidas en este estudio, observaríamos que los flujos recibidos por España registraron una caída durante los años en los que la entrada de capital a estos países crecía de forma intensa, pero esta hipótesis se vería truncada, por lo menos sería más difícil defenderla en los últimos años, donde los datos no resultan tan concordantes y la trayectoria de las inversiones directas que reciben ambas áreas es bastante similar, si bien todavía con un ligero dinamismo hacia los Pecos, hacia los países de la nueva ampliación.

En todo caso, para cerrar este punto y para llegar a las conclusiones, es evidentemente que hay pocas dudas de las ventajas que desde el punto de vista geográfico tienen aquellos países que, como la República Checa, Hungría o Polonia, se encuentran en una situación más centrada y próxima al área que concentra una mayor riqueza económica, pero también deberíamos no magnificar las ventajas de la situación geográfica porque en ocasiones, estas ventajas pueden verse aminoradas y pueden quedar compensadas. Por ejemplo, en el sector servicios, a través del espectacular desarrollo de las tecnologías, de la comunicación, de alguna manera, estas tecnologías han reducido la barrera de la distancia. En el caso de manufacturas para el coste de transporte: el coste unitario que representa el transporte en alguna de estas manufacturas es también relativo. Por lo tanto, no habría que hacer de la geografía una bandera exclusiva. Incluso hay países que logran sacar ventajas de su localización. Habría que justificar, por ejemplo, la extraordinaria atracción de inversiones de un país que sería complejo y periférico para ubicar inversiones, como es el caso de Irlanda, y que ha sabido atraerlas con gran certeza. En todo caso, también para comentarlo a la luz de estos datos, habría que remarcar que las infraestructuras van a ser tremendamente importantes y que estos países tienen todavía deficiencias importantes por cubrir en este aspecto, en sus vías de comunicación.

En todo caso, sí que es cierto, y también se ha comentado en la exposición de Litexco, cómo las ventajas de estos países son enormes en lo que se refiere al coste laboral, que viene a representar un 16% de los costes laborales de la economía española. En los costes laborales tiene una especial significación en tipos de producción como, por ejemplo, el ensamblaje, en los cuales se necesita mano de obra de forma intensa y el peso es probablemente menor en aquellas economías de mayor participación tecnológica. En todo caso, a pesar de estos costes laborales, es un elemento muy importante.

Aquí habría también que remarcar no sólo lo que cuesta la mano de obra, sino, al mismo tiempo, cuál sería la valoración del capital humano, que es un elemento clave. Se puede tener un coste humano bajo, pero si esos trabajadores no están preparados para llevar a cabo determinados procesos, de alguna manera, eso aminoraría esa ventaja competitiva. En todo caso, lo que sí se ve es que esos niveles de educación, es que habría que comparar más explícitamente los programas, las materias, pero también existen unos muy buenos niveles de preparación en esos países que, en algunos casos, permitirían equiparar a los de España en algunos apartados. Al margen de hacer análisis mucho más concretos y específicos, y como problema, sería la incertidumbre que podían generar estos países de la ampliación porque todavía no han aplicado lo que sería el conjunto del acerbo comunitario solidificando sus instituciones. Pero la verdad es que esto es un proceso relativamente rápido y que con la ampliación y la incorporación se va a producir de forma muy rápida.

En todo caso, déjenme que haga una matización. Probablemente, lo he dicho antes y vendría de la mano de Jordan Galduf, cuando se producían la mayor parte de estas inversiones, España estaba también comprometida con las inversiones en América Latina, y también, un par de elementos que suelen aparecer en los medios de comunicación con una cierta intensidad respecto al comportamiento de las multinacionales. Por un lado, de los estudios o de su posición se deriva que España sigue ofreciendo notables atractivos para los inversores y que, según los estudios de la propia comisión, no parece que por el momento la inversión extranjera en esos países haya llevado aparejada una intensa relocalización de actividades productivas intensivas en mano de obra. Esta inversión se ha centrado fundamentalmente en infraestructuras públicas, en el sector servicios y, sólo en parte, se ha orientado hacia sectores industriales intensivos en mano de obra. De todas formas, también según este autor, deberíamos ver la mejora de estas posibilidades como una opción y no sólo como un riesgo. Bien, para ir acabando, en todo caso, yo creo que habría que hacer un esfuerzo, un esfuerzo significativo, y éste sería el escenario.

Hace no demasiado, se presentó un estudio de sensibilidades, de percepciones de empresas de Cataluña con respecto a estos mercados y la verdad es que la respuesta era, todavía, para lo que debería ser, excesivamente tibia. Estos países candidatos se veían sobre todo como mercados, pero mercados poco importantes, y estoy releyendo algunas de sus conclusiones, “relativamente poco importantes, débiles en parte, ya ocupados por italianos y alemanes en muchas ocasiones como mercados secundarios por su bajo potencial inmediato de compra o por tener implantados algunos estándares técnicos”; algunos de ellos los llamaban “soviéticos, diferentes”, porque en muchos casos el sistema productivo todavía estaba un tanto deteriorado y luego generaba una cierta indiferencia, sobre todo porque muchas empresas han fijado sus áreas prioritarias en otras partes, en América Latina en Asia Pacífica. En todo caso también existían toda una clase de empresas que los consideraban estratégicos, que iban a modificar su percepción y su liderazgo a nivel mundial y que por tanto, había que conferirles un atractivo importante.

Habría sólo dos preguntas, para acabar: ¿es mejor entrar ahora o esperar a que se produzca una mayor homologación?. Yo creo que aquí estaríamos todos de acuerdo en que hay que aprovechar las ventajas de las economías en transición. Estos países deben mejorar el nivel de bienestar de sus ciudadanos y eso se va traducir en oportunidades de negocio. Los países van a tener apoyos y ayudas concretas a proyectos y hay que aprovecharlo, van a tener necesidad de renovar sus equipos productivos y hay que aprovecharlo, deben mejorar sus infraestructuras, sus servicios, deben mejorar también sus sistemas de gestión, la formación, la venta de formación, que también sería un activo importante, y, sobre todo, la empresa española es también una empresa que tiene reciente su incorporación, con lo cual tiene reciente lo que implica un proceso de modernización y de regionalización a nivel europeo y debería ser capaz de utilizar esta memoria tan reciente para introducirse en estos mercados.

En todo caso, desde el punto de vista de la Administración, los organismos coincidentes, por sugerir algunos elementos, deberían poner a disposición elementos de información y de apoyo para facilitar, para reforzar estos elementos de información y de apoyo para favorecer la entrada de empresas españolas.

Otro elemento importante, muy importante, es el que debería facilitarse la mejora de las infraestructuras de transporte y de comunicaciones que compensen de alguna manera la ubicación de España, que se ha hecho con la ampliación, más periférica. Esto es un hecho, hay que mejorar los temas de infraestructura, de comunicaciones, de transporte y, en el caso de la empresa, es muy importante que tenga una estrategia respecto a cómo van a influir estos mercados, qué papel quieren jugar en ellos. Es preciso que lleve inversiones en cuanto a capital humano, muy importantes en formación en capital tecnológico, en investigación y desarrollo, y estos conceptos, tomados desde un punto de vista muy amplio, si se quiere asegurar (hemos visto en los estudios sus ventajas comparativas) se debe potenciar también.

Habría también que potenciar la presencia sobre el terreno, ya sea a través de filiales comerciales, a través de filiales productivas, en solitario, o en colaboración con otros, e incluso podría explorar formas, si quieren ustedes más creativas, de intercambiar mercados, por ejemplo de mercados con empresas, favorecer la entrada de América a cambio de que esas empresas con las que se asocia tengan una mayor posibilidad, una mayor opción de entrada por parte también de la empresa española, porque ella lo conoce mejor. Por tanto, como conclusión, yo soy de los que cree firmemente que es una gran oportunidad y, entre el riesgo y la oportunidad, nos inclinamos más a que ésta es una gran ocasión para la empresa española de mejorar, por coger ese tren de la internacionalización, por tener una presencia cada vez más sólida y decidida en un mercado que va a jugar un papel muy importante en los próximos años.

Muchas gracias. ::

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