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Coyuntura económica actual de los mercados del Este y Centro de Europa, perspectivas futuras Ponente: Doña María Isabel Pardos Lagüens, Portavoz del Consejo de Administración de Litexco Group
El tema de mi ponencia es la coyuntura económica actual de los mercados del Este y Centro de Europa, y además, sus perspectivas futuras. También me gustaría que sirviera para demostrar que esta región, que se incorporará dentro de un año a la UE, es una gran oportunidad para empresarios e inversores. Cuando hablamos de la Europa Central u Oriental, más conocida como la Europa del Este y denominada comúnmente Peco, hay dos fechas a tener en cuenta: la mañana del domingo 13 de agosto de 1961, cuando por sorpresa, y desde el lado soviético, se procedió a levantar un muro que separaba algo más que la entrañable ciudad de Berlín (fue un muro que partió en dos a una gran familia, la familia europea). Como contrapunto a esta oscura y triste fecha, hay otra. La noche del 9 de noviembre de 1989, cuando una multitud entusiasmada ponía fin a esa frontera que muchos llamaron de la vergüenza. El pasado 13 de diciembre en Copenhague, y no sin grandes dudas y dificultades, el Consejo Europeo de los 25, se hacía la tradicional foto de familia que ponía fin a esta división histórica. Ahora, los diez países candidatos celebrarán un referéndum para saber si los ciudadanos aceptan el tratado de adhesión que les otorga el derecho a la ciudadanía europea. Hungría abrirá el fuego con la celebración de su referéndum durante el próximo mes de abril. Se espera que el resultado de la adhesión sea favorable, así lo apuntan los sondeos de opinión previos, que marcan un 70% de obtención de votos a favor. Este sondeo corresponde a la opinión de los ciudadanos con anterioridad a la cumbre de Copenhague, lo que nos permite prever un incremento de los votos a favor, incluso en Polonia, que es el país con más dificultades para obtener un voto positivo, pero que con las negociaciones de última hora que su Gobierno ha llevado a cabo y con la mejora de las contraprestaciones obtenidas, les da un respiro para obtener un voto positivo, o al menos así se prevé. Sin embargo, son más los gobiernos que deberán hacer un esfuerzo para cambiar el sentido del voto de sus ciudadanos, ya que cabe destacar que Estonia tiene a favor un 32%, Letonia un 35%, y Eslovenia y República Checa un 43%. La presidencia irlandesa del primer semestre de 2004 y concretamente, durante el mes de mayo, será testigo institucional y protocolario del nacimiento de una nueva Europa, que dispondrá de un nuevo Parlamento Europeo compuesto por 732 diputados y diputadas. Pero los nuevos socios europeos representan algo más que una compensación histórica. En su conjunto, representan una población marcadamente europea, y por lo tanto, con una cultura homologable a la nuestra y con un sentido de la disciplina similar al de cualquier país de la Unión Europea. No existe disparidad de costumbres, sino un comportamiento compartido. Asimismo y quizá por la reciente evolución histórica de estos países, sus ciudadanos poseen una elevada preparación cultural, técnica y universitaria. Otros aspectos a destacar serían, por su repercusión económica, unos costes laborales inferiores a los vigentes en la UE y no menos importante, una disposición y una ambición grande por convertirse en ciudadanos de pleno derecho y alcanzar el estándar de la Unión Europea. Desde una perspectiva estrictamente económica o empresarial, los nuevos candidatos de la UE configuran una fotografía de un espacio de 75 millones de habitantes que lógicamente se convertirán en potenciales consumidores, con un PIB per cápita por debajo de la media de la Europa de los 15 y, por lo tanto, con un largo recorrido para converger con la media europea. Ésta es la quinta ampliación de la UE, la más numerosa y también la más joven. El conjunto de países candidatos aportan algo menos del 5% del actual PIB europeo. Sin embargo, a pesar de su inicial pobreza, la ampliación no es un peligro para los actuales socios, sino una gran oportunidad. Los factores competitivos de este nuevo mercado de oportunidades empresariales y de inversión, están marcados por la situación geográfica y estratégica que, a nivel logístico y comercial, es imprescindible controlar a medio plazo. La ubicación de la nueva Europa hace recomendable un posicionamiento estratégico en el territorio para acceder a futuros mercados. No olvidemos que hay una guerra no declarada entre Europa y EEUU por la hegemonía, tanto de Rusia como de América Latina. Otros aspectos que convierten a este mercado en competitivo son, en primer lugar, sus fuertes incentivos fiscales, además de la estabilidad política que ofrecen, la seguridad de un camino sin retorno, sus bajos costes laborales y la calidad de sus trabajadores. ¿Por qué estratégica o logísticamente es importante el posicionamiento en estos mercados? Desde Litexco, y coincidiendo en esta postura con distintos inversores internacionales, consideramos que la ampliación de la Unión Europea supondrá un desplazamiento de su centro económico. La configuración de este nuevo territorio, y el posicionamiento logístico en él, permitirá, o no, la penetración y aprovechamiento de los nuevos mercados candidatos a acercarse a la UE. Nos referimos, evidentemente, a Rusia, Ucrania, Bielorrusia y demás ex-repúblicas soviéticas, sin olvidar los países de la antigua Yugoslavia o los países balcánicos, que representan un puente importante de acceso a los mercados de Oriente Medio. Decía anteriormente, que un factor competitivo, son los incentivos fiscales, porque como seguramente sabrán ustedes, está en debate la legalidad de alguno de estos incentivos, que se aproximan más al concepto de vacaciones fiscales. No hay mas que mirar el mapa de incentivos fiscales que les presento, para observar que existe una especie de competición no declarada por ver qué país atrae más inversiones extranjeras. En este mapa de incentivos fiscales, tenemos, por ejemplo, el caso de Hungría cuyo impuesto de sociedades está fijado en el 18%, y en el caso de que la actividad se encuadre en la modalidad oxon, cuyo tipo impositivo es de un 3%. Como ejemplo más llamativo encontramos a Estonia, que en caso de reinvertir los beneficios o de no repartir dividendos, tiene un tipo impositivo del 0%. Pero, además de beneficiarse de un impuesto de sociedades inferior en todos los casos al de los países de la UE, los inversores extranjeros pueden beneficiarse también de incentivos con la exención total de impuestos por un periodo de 10 años, exenciones arancelarias y del IVA para la importación de maquinaria, bienes de equipo y materiales destinados a la producción en fábricas locales, incentivos por la creación de nuevos empleos; incentivos a programas de formación de personal, y la posibilidad de crear zonas francas en algunas partes de otros países. De los 12 candidatos, los 10 que se incorporarán en 2004, además de Rumania y Bulgaria en 2007, España no tiene tratado de doble imposición con seis de ellos: Eslovenia, Letonia, Lituania, Estonia, Malta y Chipre. Evidentemente, estos incentivos fiscales son de interés, siempre y cuando exista también un interés empresarial en la implantación en esos territorios, sin entrar en considerar la legitimidad de esos incentivos fiscales, que en un principio podemos considerar imprescindibles para el desarrollo de los nuevos mercados. En la actualidad, en el parlamento de la mayoría de países candidatos se está discutiendo la modificación de estos incentivos hacia los sectores de alta tecnología, investigación y desarrollo y en la ampliación de inversiones en empresas ya existentes; es decir, en la mayoría de los sectores con un alto valor añadido, factor por el cual deberíamos estar atentos y quizá empezar a preocuparnos. Sin embargo, no cabe duda que, empresarialmente, y atendiendo a la inversión, el panorama que se vislumbra en este mapa de incentivos fiscales es lo suficientemente atractivo para cualquier empresario o inversor que quiera obtener beneficios. Esta situación, puede estar vigente durante un par de años, por lo que, quién no quiera perder el último tren ya sabe a qué atenerse. Hablando de estabilidad, el grado de implicación comercial y económica de los países candidatos a la UE con las empresas europeas, es abrumador. Es obvio que dibujan un camino sin retorno y una realidad económica compacta. La mayoría de países está cerca o por encima del 60% de intercambios comerciales con la UE, existiendo casos ya históricamente más notables, como el de Hungría, con una relación cercana al 75%. La implicación de estos nuevos socios de la UE no se da únicamente en el ámbito económico, sino que también reside en un amplio grado de colaboración activa con el mantenimiento de la seguridad y la defensa del territorio de la UE. Tres países, República Checa, Polonia y Hungría, ya son tradicionales miembros de la OTAN y, en la reciente Cumbre de Praga celebrada el pasado mes de noviembre, fueron invitados y confirmada la adhesión de otros siete países a la Organización de la defensa Atlántica. Como último factor, tenemos el de la competitividad y los costes laborales. En la actualidad, existe un diferencial del coste laboral entre los países candidatos y la media de la Unión de los 15. Por sectores, este diferencial no se concreta únicamente en una sola actividad económica, sino que se extrapola a todos los sectores de producción, servicios y sector primario. Es evidente que existe una relación directamente proporcional entre el desarrollo económico del país y el diferencial del coste laboral. Por ejemplo, en Eslovenia, un empleado de la industria cobra una media de 883 euros, en Polonia 523, en Chequia 494 y en Bulgaria 132 que, comparados con los 3.241 euros que perciben en Alemania, los 2.500 de Italia, o incluso comparados con la media española que es de 1.510 euros, resultan altamente competitivos. De este modo, Rumania y Bulgaria, países candidatos a la próxima ampliación de 2007, con un menor desarrollo económico, disponen de unos costes laborales todavía más competitivos. El diferencial de los costes se mantiene, tanto en el coste que soporta la empresa como en el trabajador, ya que a pesar de que el porcentaje a pagar por la empresa es en algunos casos más elevado, el coste en cifras absolutas sigue siendo menor. De todas formas, si observamos los países más desarrollados, como es el caso de Hungría, el porcentaje de participación del coste laboral de la empresa y del trabajador es similar al que se mantiene en la UE, pero hay casos muy llamativos, como en Rumania, en el que la empresa debe pagar un 62%, o en Lituania en el que el empleado sólo paga un 3%. Como puede apreciarse a medio plazo, los costes laborales se mantendrán muy inferiores en esta nueva región europea y así lo indica la previsión de los gastos laborales para este año, en el que la media de los salarios de la UE se sitúa en 2.309 euros, mientras que en Polonia, la media se sitúa en 537; en Eslovaquia en 328 y en Bulgaria en 144. Después de explicar los factores competitivos de este nuevo mercado, me gustaría hacer referencia al escenario económico con unas perspectivas al alza muy positivas a medio y largo plazo y con un mercado que me atrevería a calificar de privilegiado. El optimismo económico viene marcado por los actuales índices de crecimiento que los países candidatos están registrando, a excepción de Polonia, que se encuentra muy por encima de la media europea. El fuerte crecimiento económico que registran los países candidatos, viene condicionado por factores como un potencial desarrollo económico a medio plazo muy importante. El actual PIB per capita de cada uno de los nuevos socios europeos, permite prever una dinámica de crecimiento muy notable hasta converger con la media de la UE. En una reciente conversación publicada en un periódico nacional entre el ex-gobernador del Banco de España, Luis Ángel Rojo, y el catedrático de economía, Javian Escapé, se afirmaba que, comparando históricamente las variables macroeconómicas de Polonia y España, en la actualidad la población polaca vive como la de España en 1953. Sin entrar en discusión sobre esta afirmación, que no comparto en absoluto, quizá por exagerada, lo que sí es evidente es que todos los países que van a incorporarse a la UE están en una situación muy similar a la de España hace unos años, por lo que el grado de desarrollo económico que les queda por recuperar es muy evidente. Cuando me refería a un mercado privilegiado de inversión, es porque las cifras de inversiones directas así lo indican. En el último año, marcado por la regresión, desaceleración e incertidumbre económica en general, las únicas dos grandes regiones que han mantenido un índice de inversión directa positiva han sido China y la antigua Europa del Este. Las demás zonas emergentes o de nuevos mercados, han visto caer la llegada de capital y por tanto han frenado su desarrollo. Uno de los informes que así lo indican, es el presentado por la conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo, que afirma que las inversiones directas en 2001 cayeron un 51%. Otro dato que refleja la salud económica de estos países, es el resultado obtenido por los fondos de inversión especializados en valores procedentes de esa zona. Así, entre el 30 de septiembre de 2001 y el 30 septiembre de 2002, los fondos referenciados en esa región, obtuvieron una rentabilidad nada despreciable de un 26,5 %, muy por encima de las raquíticas cifras que estaban obteniendo los fondos de inversión en general. Y por último, hay un dato a tener en cuenta, no tangible, pero futurible, que es la previsión extendida en amplios círculos económicos y financieros de una extraordinaria afluencia de capital de inversiones en esta zona, por la seguridad que ofrecen estos países. Si el mercado de inversiones es privilegiado, las oportunidades empresariales o de negocios son también extraordinarias en todos los sectores de actividad económica, tanto en oportunidades de inversión, como en los procesos de privatización que hay en marcha o que se abrirán en un futuro inmediato en alguno de los países candidatos a la ampliación. Si intentamos concretar en qué sectores de la actividad económica hay oportunidad de negocio, podríamos decir que en el sector servicios y agrario de Hungría, Eslovenia, Polonia, Chequia, Lituania y Letonia, mientras que en Eslovaquia, Rumania y Bulgaria, las mayores oportunidades están en la industria y en la transformación agraria. Esta distinción de oportunidades por sectores es lógica, si atendemos a que muchos de los países candidatos como Hungría o Chequia, por ejemplo, industrialmente ya están desarrollados. Son economías muy maduras y las oportunidades de negocio se limitan, siempre hablando en términos generales, al sector servicios o a las actividades destinadas a cubrir las nuevas necesidades de consumo que ambicionan sus habitantes. Por el contrario, países más incipientes en el desarrollo económico, como Rumania y Bulgaria, precisan inversiones en el sector industrial que permitan el desarrollo económico y el bienestar de sus ciudadanos. De todas formas, y concretando un poco más, los sectores con buenas perspectivas para los empresarios españoles son: energía, tratamientos residuales, reforma y gestión aeroportuaria, electromecánica, hidráulica y termohidraulica, especialmente en Eslovaquia, construcción, rehabilitación de edificios y casas, mobiliario y transformación de la madera, componentes, plásticos, agroalimentario, turismo, banca, inmobiliario, metalúrgica, medio ambiente, plataformas logísticas y de distribución, canalizaciones, calefacción y aire acondicionado, equipamiento medico, ortopedia y renovación ferroviaria. Pero las oportunidades de negocio, no sólo se limitan a la apertura o implantación de actividades económicas, sino a la participación en los últimos procesos de privatización que están en marcha o que se van a abrir de forma inmediata en alguno de los países candidatos. También en líneas generales, las actividades susceptibles de participar para la empresa española, se concentran prioritariamente en el sector energético, metalúrgico, industria química, minería, telecomunicaciones, aeronáutica y una parte de seguros. Conviene destacar que los procesos de privatización de las empresas medias, ya están prácticamente finalizados en todos los países. Me gustaría destacar, que la Agencia para Inversiones de Estonia fue disuelta en el año 2001 y la agencia de Letonia tenía prevista su disolución a finales del pasado año 2002. Que los empresarios españoles no atienden, en general, a las oportunidades de negocio que presentan los PECOS es evidente. Las ventas de las empresas españolas a la zona de los PECOS durante el ejercicio 2001, también durante el primer semestre de 2002, han mantenido la tónica de los últimos años y son insignificantes si se comparan con el conjunto de la Unión Europea. En todos los países de esta región emergente, las ventas de producto con la marca Made in Spain nunca absorben más de 2,5% a excepción de Eslovenia, cuyos intercambios comerciales en el 2001 aportaron casi el 2,7% del total de las compras exteriores de este país centroeuropeo, pero son significativos los datos de que España vendió a Hungría en el año 2001 un 1.8%, a Eslovaquia y República Checa un 1,9% y un 0,97% a Rumania. Si este desinterés hacia los PECOS se registra en las relaciones comerciales, el mismo comportamiento se repite cuando se trata de inversiones directas. Así, si analizamos las inversiones acumuladas durante el periodo que va desde 1990 a 2000 (un periodo muy importante para el desarrollo de estos países) las inversiones directas españolas nunca supusieron más de un 1%, con la única excepción de Bulgaria y Eslovenia, dónde la empresa española superó este índice en poco menos de una décima. Si esto sucedía en las inversiones acumuladas para el periodo 1990-2000, cuando se analiza el comportamiento de las inversiones directas en 2001 y se compara con el resto de los países industrializados del mundo, el resultado confirma esta falta de interés, ya que la participación máxima de inversiones directas españolas que se registró con Hungría, 15 millones de euros, lo que significó el 0,8% de las inversiones recibidas por el país. Este desinterés se sigue manteniendo, si observamos el comportamiento de los empresarios españoles durante las ventas registradas en el primer semestre de año pasado, que han registrado un incremento de un 8.5%, pero que, en cifras absolutas y comparadas con otros socios de la Unión Europea, siguen siendo irrelevantes. Es significativo en el caso de Rumania (un país con grandes oportunidades de negocio y con un potencial de necesidades elevado) que no sólo no se han incrementado las relaciones comerciales, sino que han disminuido en un 24%. Pero cabe preguntarse si la empresa española es tan prudente en este nuevo mercado como respuesta a la percepción del elevado riesgo y, en todo caso, cabría preguntarse: ¿es segura la rentabilidad de una inversión en la Europa del Este?. Si me permiten el atrevimiento, y abusando de su paciencia, en una pequeña pincelada les indicaré la experiencia propia de Litexco Group. La evolución del volumen de negocios consolidado de Litexco desde el ejercicio 1997, y tras cinco años de experiencia en estos países, alcanzó un volumen de negocio de 28 millones de euros y se va a cerrar el año 2002, con un volumen de negocio consolidado de 65 millones de euros, teniendo como previsión para el año 2005 alcanzar los 133 millones de euros. Como verán, el resultado obtenido puede valorase muy positivamente y la proyección del volumen de negocios hasta 2005 tiene un cierto interés económico. :: |
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