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La contribución de la normalización y certificación a la mejora de la competitividad empresarial en el contexto europeo PONENTE: Ramón Naz Pajares, director general de la Asociación Española de Normalización y Certificación (AENOR)
Cuando se llega al establecimiento y a la realidad que hoy ofrece el mercado de los que conformamos los países de la Unión, es evidente que el papel de la normalización fue, y está siendo crucial, al extremo de que en su momento, cuando yo era presidente de la Comisión, atribuí casi la razón básica de éxito del mercado interior, en lo que se refería a la libre circulación de productos, al fuerte impulso que había recibido la normalización en los países de la UE. Para que se sitúen un poco, en el año 86, cuando nosotros todavía no éramos miembros, las normas europeas, y luego diré, más adelante, lo que se entiende por norma de la UE, todas las normas que había eran unas 30, no muchas más. Esto suponía que los países que entonces eran y formaban la llamada Comunidad Económica Europea, tenían sus correspondientes normas, en la mayoría de los casos, no idénticas, sino con notables diferencias, lo cual, no cabe duda, generaba, voluntaria o involuntariamente, un obstáculo a la libre circulación de los productos. De ahí nace el hecho de asociar la norma como un obstáculo técnico, lo cual es justamente todo lo contrario que se pretende a través de una norma, que es facilitar el comercio. Como decía, en aquellos momentos el entorno de la norma andaban por unas 30 o algo así, relativas al campo electrotécnico o no electrotécnico. En este momento, deben andar entorno a las 13.000, conseguidas en un período aproximadamente de 10 años, lo que, indudablemente, ha supuesto un esfuerzo muy importante. Una norma, en principio, debe contemplarse como lo que es: un documento, para empezar voluntario, que es una especificación técnica, lo cual no quiere decir que esté vinculada exclusivamente al mundo de la ingeniería. Una norma es cómo se dicen, en abreviatura, los nombres de los países, o como cuando teníamos diferentes monedas, con sus abreviaturas; también puede ser una norma el alejamiento que tiene que tener un cable o un conducto eléctrico…pero, como decía, son voluntarias. Se realizan siempre bajo el principio de llevar a cabo todos los esfuerzos posibles, para que sea un consenso lo que lleve al texto definitivo de la norma, aunque no se rechaza de modo alguno la necesidad de que se pueda producir una votación y, por mayoría, se apruebe el documento, que en su elaboración estén presentes todas las representaciones de todas las partes afectadas por la norma. Inevitablemente, se requiere de unas infraestructuras que hagan posible el desarrollo de un trabajo de normalización. Si desarrollamos todos los puntos, la voluntariedad, el consenso, la participación de las partes, es difícil no llegar a una primera conclusión, y es que el documento final al que se llegue, recogerá realmente el estado del arte, por decirlo de alguna forma, de aquél servicio, aquél producto, tema o ámbito, objeto de una norma, porque, cuando están las partes, no solamente está el que suministra el servicio o el producto, sino que está el que fabrica, el que suministra, está el consumidor, está el usuario, está la administración pública, un centro de investigación, una universidad, etc., están todas las partes verdaderamente implicadas, y además, yo diría que el tema no acaba ahí, sino que hay una información pública muy amplia antes de que la norma se haya publico Cuando se trata de ampliar los ámbitos de una norma por empresa, es mucho más fácil llegar a un buen entendimiento que cuando es una norma final, internacional o europea, pues ésta requiere concesiones, requiere sacrificios. Es evidente que el desarrollo que había, y que hay, en este momento, dentro de los 15 países de la Unión, no es idéntico, ni mucho menos. Hay países mucho más fuertes que otros. Por una parte, hay que hacer algún sacrificio y, por otra, hacer algún esfuerzo, para llegar a un texto común que, aunque voluntario, como decía, tiene un grado de validez muy alto, posiblemente como consecuencia de que todos los afectados han llegado al acuerdo de que eso se necesitaba y, si se necesitaba, era porque estaban dispuestos a utilizarlo, y así sucede, se utiliza. Pero, no solamente eso, sino que, en muchas ocasiones, el poder público dicta una directiva comunitaria, un real decreto o cualquier disposición de carácter legal. Es, yo diría que frecuente, y no es sólo que sea frecuente, sino que es muy forzado que haga referencias a normas, por dos razones básicas: yo pienso, por una parte, que por qué se va a complicar la vida el poder público dictando unas especificaciones que están contenidas en una norma, en la cual han participado las partes afectadas y han llegado a un acuerdo de ese texto. Y además por parte de expertos, que difícilmente pueden tener un poder público en el ámbito en el que sean grandes expertos, de cualquiera de las materias que pueden ser susceptibles de una reglamentación, y, de otra parte, porque es una vía rápida el poder disponer de esas especificaciones. Y, además de ser una vía rápida para disponer de esas especificaciones, porque una norma también es un ser razonablemente vivo y es susceptible de modificaciones a medida que vaya avanzando el desarrollo tecnológico y la experiencia de esa norma, y su modificación es muy fácil, mientras que modificar una disposición legal es mucho más complicado, y de ahí que una parte de las normas que en estos momentos han sido publicadas por cualquier organismo de normalización a nivel nacional, comunitario o europeo, son un porcentaje estimado, aproximadamente, de un 30%, citadas en documentación de carácter legal, ya sean directivas, ya sean reglamentos. En cualquier caso, ese esfuerzo, como decía antes, que nos ha llevado a que en estos momentos sean entorno a unas 12.000 ó 13.000 normas europeas, supone que los catálogos o los repertorios de normas de los 15 países de la Unión, en lo esencial, son idénticos, con la única diferencia, obviamente, de que el nuestro, está en castellano, el de Alemania en alemán, el de Francia en francés, etc, pero los textos son idénticos. Tenemos todavía todos, y ese todavía permanecerá en el tiempo, un porcentaje variable del 15 ó el 20% de normas que son puramente nacionales y que son consecuencia de idiosincrasias puramente también nacionales, de falta de interés a nivel, a lo mejor, de todos los países para disponer de una norma común sobre ese ámbito, pero en cualquier caso, no son normas que en modo alguno puedan suponer el más mínimo obstáculo a la libre circulación de productos, porque previamente, si hay una iniciativa nacional para hacer una norma, hay que consultar al resto de los organismos de normalización que hay en cada uno de los países sobre si es viable o no el hacer esa norma, en el sentido de si es o no es motivo de generar un obstáculo técnico y si se genera, o se piensa que se puede generar esa norma o se puede llevar a cabo. De manera que el haber conseguido esa unificación de todas esas normas que tenemos en estos momentos a nivel de los países europeos, es muy importante. Como decía, era la única vía para conseguir que una lavadora fabricada en España, recurriera a un tipo de especificaciones idénticas a las que puede afectar a una fabricada en Suecia, de manera que, sin ningún tipo de problemas, pueda circular desde Suecia a España o desde España a Grecia, este producto o cualquier otro. Bien es cierto, que el hecho de que circule, no hay que confundirlo con que se venda, que eso ya entra dentro de otros canales, de otras circunstancias, de otras prácticas y de otros modos que, en cada caso, en cada país, son diferentes; pero lo que sí que es cierto es que, por razones puramente de lo que son los parámetros técnicos que tiene un producto, no hay ninguna razón para impedir la circulación y, vuelvo a repetir, que distinto será después que por razones de tecnología, de precio, diseño o de algún tipo de bendición, si se quiere llamar de una forma un poco exagerada, que se requiere en algún país, se pueda o no vender el producto con mayor o menor facilidad, pero lo que sí que puede es circular, lo cual es significativo y a tener muy en cuenta, porque si eso pasa dentro de la Unión, eso pasa también cuando un producto de fuera de la Unión entra en cualquiera de los países de la Unión. Una vez que ha entrado en uno, es como si hubiera entrado en los 15. Es evidente, que todo este tipo de circunstancias, cuando se lleva a cabo una ampliación, pueden plantear tener a los países objeto de la ampliación problemas serios e importantes, que en el caso nuestro, en el caso español, diría que no hemos vivido, por razones, no las podría decir, pero sí que les puedo situar en lo que pasaba antes de que nosotros fuéramos país comunitario. España era miembro de los comités europeos que había de normalización y éramos tratados a todos los efectos como uno más; claro, el problema estaba en que nos podíamos tratar todos iguales, da igual que fuéramos o no miembros de la Comunidad, porque el nivel de producción que les decía antes de normas, era más reducido que el ritmo actual, recuerden, se hacían dos normas al año y eran dos normas, como les decía antes de este estilo: “vamos a decir cómo se va a decir en abreviatura España y Alemania”, eran normas poco transcendentes, al menos desde el punto de vista aparente. Cuando ya nos incorporamos, coincide con el gran impulso para conseguir el Mercado Único y es ahí cuando ya hay que luchar seriamente para intentar transmitir la opinión de nuestros sectores en relación con algunas normas. Esto no pasa con los países de la ampliación; ellos se encuentran ya con que tenemos una producción de normas europeas muy importante, y eso es algo en relación con lo cual no se está dispuesto a transigir ni lo más mínimo. Esas X, 12.000 ó 13.000, normas europeas que hay, o las tienen adoptadas, o la ampliación es un obstáculo muy importante para que se incorporen, por razones de lo que les he comentado antes. Hubiera supuesto, inevitablemente, unos obstáculos muy fuertes y, en consecuencia, el vulnerar uno de los principios básicos de la Unión. Eso está claro que lleva aparejado muchos tipos de problemas a solventar; por una parte, la mayoría de esos países, algunos de los que estaban dentro del ámbito de la Unión, de Repúblicas Socialistas Soviéticas, venían marcados por unas normas que hacían ellos, no sé si se llamaban normas del COMECON o algo por el estilo, que ahora, tiene gracia, porque muchos de los países que están ahí metidos, se habían pasado la vida diciendo que eran las más maravillosas del mundo, y ahora hemos descubierto que no había por donde cogerlas, es verdad por lo tanto que ellos tenían adquirida una práctica con esas normas y ahora tienen que reconvertirse y adaptarse a las nuevas. Evidentemente, coger una norma y pasarla del inglés, del francés o del español al búlgaro, no es ningún problema. El problema es que luego es una norma que está ahí, y es una norma búlgara y eso les está generando problemas de adaptación. Para que se sitúen, las posibilidades de incorporarse al Comité Europeo de Normalización por parte de los organismos, cosa también que es otro tema en el que se está teniendo que hacer un esfuerzo importante, los organismos que había para llevar a cabo estas actividades en estos países, normalmente, tenían la naturaleza de una persona jurídica pública, eran parte, o departamentos de un ministerio etc., están teniendo que cambiar toda la filosofía, están teniendo que hacer nuevas entidades, similares a las que tenemos en cualquier otro país de la Unión, que somos todas entidades privadas, con la tal vez la única excepción de Portugal. Pero están teniendo que hacer cambios en sus estructuras, cosa que no es un principio imprescindible para ser miembro del Comité Europeo de Normalización. Sí que es cierto que tienen que tener adoptadas al menos el 80% de las normas europeas, porque si no, no son miembros, miembros de pleno derecho, sino que son simplemente oyentes y la diferencia es importante: de ser oyente a ser de pleno derecho, es tanto como decir que participas o no participas en la elaboración de las normas europeas o en la actualización de las que ya estuvieran hechas. Esto está claro que les está creando, no problemas, sino el tener que hacer un esfuerzo importante. En este momento, diría que los esfuerzos han llegado ya a buen término en países como Chequia, Eslovaquia, Hungría y Malta, que están ya en condiciones; y de hecho son ya miembros de pleno derecho, y otros muchos de los que están dentro de la primera ampliación, pues todavía están con ciertos problemas. En cualquier caso, como una muestra más del interés que supone para los países que formamos la Unión, y para los que van a incorporarse también en el tema de la normalización, ese esfuerzo que se está haciendo desde las autoridades comunitarias para ayudarles al máximo en relación con todo lo que significa la normalización, las normas y todos los procesos de evaluación de la conformidad etc., y eso se compone y se traduce de dinero que sale de Bruselas o, en cualquier caso, del bolsillo de todos los europeos que somos parte de la Unión, para ayudar a estos países. Nosotros, AENOR, en estos momentos estamos con contratos comunitarios trabajando en Eslovaquia, en Lituania, Bulgaria, Eslovenia y, dentro de poco, empezaremos a trabajar en Rumania. Nuestra experiencia nos está diciendo que tienen, por una parte, un nivel de conocimiento de todo lo que son los instrumentos relativos a la normalización muy alto, pero muy vinculados al plan, a los aspectos puramente teóricos. La normalización no es actividad que requiera participación de terceros, no de los que formamos parte de los organismos de normalización; ya se pueden imaginar que ni en AENOR, ni en ningún organismo que se puedan imaginar, puede haber expertos de todos los productos que son objeto de la normalización. Esos expertos, normalmente, provienen de la iniciativa privada y también en el sector público, pero prestan su trabajo de una forma voluntaria, que no es fácil conseguirla. Eso supone, como digo, un esfuerzo económico para quien esté trabajando en cualquier entidad, en lo que se refiere a la empresa que trabaje para la normalización, que entregue sus conocimientos, sus saberes, al bien común de todos los que puedan estar afectados por esa norma, independientemente de lo que todavía es de más profundidad, y es hasta qué punto un sector, o una empresa, tiene adaptados sus medios de producción, sus tecnologías o su mercado para poder adoptar y utilizar ese tipo de normas. Esto, como digo, no es una tarea nada fácil, por experiencia personal de lo que hemos vivido aquí en España; nos ha costado mucho trabajo el hacer entender la importancia que tiene estar presente o no cuando se elabora una norma, sobre todo cuando los instrumentos que están establecidos permiten, sin ningún tipo de problemas, el poder participar, por las consecuencias que puede tener el no haberse tenido en cuenta una postura, una opinión o una situación que, en un momento determinado, podía atravesar un país. Si no se tiene en cuenta, y es una realidad que no había comentado antes, cuando una norma europea se termina aprobando, aunque sea voluntaria, lo que no es voluntario es adoptarla y automáticamente. Si hay alguna norma nacional que esté en contradicción con ella, hay que anularla. Entonces, el estar participando de una forma continuada y activa, e incluso con ciertas responsabilidades (llevar presidencias o secretarias de comités técnicos de grupos de trabajo), es un aspecto muy importante. Es obvio que, hoy por hoy, el peso que tiene, como en casi todo, Alemania, también se transmite y se traslada a la normalización. No es menos cierto que un país como España, de los más sufridores, diría yo dentro del contexto de la UE, no somos, ni seremos nunca, los grandes en esta materia, aunque lo aspiramos, pero tampoco somos los pequeños. No somos ni Dinamarca, ni Luxemburgo, ni Bélgica, pero tampoco tenemos la dimensión italiana, y eso hace que de nosotros siempre se espere mucho. Sin embargo, nuestra situación es difícil. En todo caso, como digo, nosotros hemos tenido que hacer una gran labor para conseguir que, hoy en día, un número razonable de españoles presidan comités o lleven la secretaría de comités europeos, en el seno de los cuales se elaboran las normas europeas y que es en estos momentos, y lo seguirá siendo, un factor, pienso que básico, para la libre circulación de productos, al extremo de que Europa siempre ha sido, bastante más avanzada que el resto de los bloques económicos, en cuanto a lo que a la normalización se refiere, siempre ha dado, y en estos momentos muchísimo más, una fuerte importancia a la norma internacional. De forma muy esquemática, puedo decir que para el mundo de la normalización, es casi más importante la influencia que se pueda ejercer en que la norma internacional sea una norma muy al gusto europeo, que el pensar que con la europea ahí se acaba el mundo. De ahí que la norma sea la norma existente nacional, en cierta manera, en un porcentaje muy alto; posiblemente, el 70% se mantiene por el esfuerzo de los europeos, y a su vez, gran parte de las normas internacionales son normas europeas. En ocasiones, cuando la velocidad lo permite, o el tiempo que se tiene por norma lo permite, desde Europa, se prefiere que se termine y sea primero la norma internacional y que luego la pasemos a la UE idéntica, sin modificarla nada, que no ir por libre haciéndola europea y luego, con ese documento, ir a intentar que ese documento se convierta en internacional. Esto es importante. En Europa, realmente, el concepto de la norma hace que la libertad que tiene cualquier usuario de una norma, sea muy grande en cuanto a los condicionantes que le impliquen para disponer de esa norma. Hay un ejemplo que a lo mejor muchos lo hemos visto: si uno mira cualquier tipo de interruptor que nos podemos encontrar en Europa, en cualquier sitio, y mira los que nos podemos encontrar al otro lado del atlántico, en el país que está encima de México, pues notaremos una gran diferencia, y quizás la diferencia esté en eso que hayan dicho, casi, casi, casi, hasta el tamaño que tiene que tener el interruptor si la habitación tiene más de 20 metros. Bueno, éstos son conceptos diferentes, que, muchas veces, importan mucho más de lo que nos podemos imaginar. Como digo, en Europa se le da un gran interés a la normalización internacional, incluso, si hiciera falta, en detrimento de la Europea, pues en estos momentos, en el ámbito electrotécnico, el 75% de las normas europeas son idénticas a las normas que internacionales, a las que hace la configuración electrotécnica internacional, y en el ámbito no eléctrico, aproximadamente, entorno a un 50%; y esto no es como consecuencia de que en el ámbito no eléctrico haya un nivel de obstaculización como base a la normalización, sino porque hay un conjunto de normas europeas en las que no ha habido un interés por realizarse a nivel nacional, porque no cabe duda que cuando abrimos el ámbito, no solamente en los organismos internacionales, que es básicamente la Comisión Internacional, no sólo estamos el bloque europeo, el americano y los japoneses, sino que hay muchos países en vías de desarrollo, y la mayoría, por lo que fuere, no hay interés de llevar a cabo este trabajo de formalización y, en este caso, y creo que ya me he pasado bastante del tiempo que se me había dado, quiero mantener el interés en relación con el importante papel que juega una norma cuando se pretende crear un espacio económico. Yo diría que no solamente más allá de lo que puede ser a nivel de estado, en el que yo diría que estamos, afortunadamente, metidos, como es el de la Unión, y que sin ella sería difícil haber avanzado lo que hemos avanzado y lo que todos deseamos es que se continúe avanzando en conseguir uno mayor, como es el objetivo último de la normalización; contribuir, a través de esta actividad y a través de la normas, a un mayor bienestar de la sociedad y a una mayor preservación del medioambiente, de la seguridad, de los bienes, de las personas y todo aquello que puede conformar, como decía, el bienestar de la sociedad. Por mi parte nada más, creo que a través de la siguiente intervención podrán ver el amplio campo de utilización de la normalización, como decía, y no está limitada al ámbito de la ingeniería, ni a lo que son los formatos de papel, que todos nosotros hemos visto, y cuando se dice “Din”, estamos diciendo el nombre de una norma y la norma española es una, pero el tamaño es el mismo, el DIN A4; y que aporta, en muchos campos, unos beneficios que van mucho más allá de lo que puede ser el ámbito de rentabilidad de una empresa, que obviamente es algo muy conveniente, muy necesario y muy plausible, pero que, muchas veces, también va mucho más allá de lo que es una tarea de elaborar una norma y de la normalización, que, aunque sea cara, normalmente son más los perjuicios que puede acarrear el estar al margen o de espaldas a un trabajo de normalización, que lo que puede suponer el estar presente, sobre todo porque todo lo que se haga en cuanto a normalización, nunca debió ser contemplado como gasto, sino como una inversión. Muchas gracias por su atención.:: |
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